Economía Internacional
04 sept 2025

Remesas 2025: estabilizador clave en un entorno global desafiante

Macroeconomía
Economía Internacional

Autor
Gerencia Investigaciones Macroeconómicas


Las remesas se consolidaron como un motor de estabilidad económica y social. Crecen en el mundo y en Colombia, impulsadas por migración y digitalización, pero enfrentan riesgos por políticas migratorias más restrictivas y baja inclusión financiera entre los receptores.

Las remesas han logrado una relevancia histórica en la economía global. En 2024 alcanzaron USD 740 mil millones, equivalentes al 0,72% del PIB mundial, reflejando un aumento estructural impulsado por los flujos migratorios hacia economías avanzadas. EE.UU. lidera como principal emisor y países como India, México y Guatemala son los mayores receptores. En América Latina, estos ingresos se han convertido en un soporte permanente del bienestar de los hogares y en un estabilizador frente a choques internos.
Tendencias globales: crecimiento sostenido con riesgos emergentes
Durante dos décadas, las remesas aumentaron sostenidamente, pasando de representar el 0,36% al 0,72% del PIB mundial. Este crecimiento ha superado el ritmo de la economía global, favorecido por mercados laborales sólidos en EE.UU., Europa y países del Golfo. Sin embargo, 2024 marcó una desaceleración y evidenció riesgos: políticas migratorias más restrictivas, mayores deportaciones y un entorno geopolítico más incierto.
Entre los emisores globales, EE.UU. alcanzó USD 90,5 mil millones en envíos netos, con un crecimiento de 6,2% anual. Entre los receptores, India recibió USD 125 mil millones, mientras México y Guatemala obtuvieron USD 66 mil millones y USD 22 mil millones, respectivamente. Pese a su magnitud, el uso predominante sigue siendo el consumo básico, lo que limita su impacto transformador en productividad e inversión.
América Latina: dependencia alta y vulnerabilidad creciente
En la región, las remesas actúan como ingreso principal y amortiguador macroeconómico. El 88% de los hogares que las reciben las destinan a manutención, especialmente alimentos, vivienda, transporte y salud. El ahorro y la inversión tienen participaciones mucho menores, lo que evidencia restricciones estructurales sobre el uso productivo de estos recursos.
La política migratoria estadounidense introduce riesgos relevantes. En 2025, se intensificaron medidas como deportaciones, cancelación de beneficios migratorios, revisiones de visas y un impuesto del 1% a remesas enviadas en efectivo a partir de 2026. Aunque este impuesto tiene efectos limitados por la alta digitalización, las deportaciones sí podrían afectar a países altamente dependientes como Guatemala, El Salvador y Honduras.
Colombia, en cambio, presenta baja vulnerabilidad relativa: solo 2,8% del PIB proviene de remesas y la migración colombiana está más diversificada hacia Europa y el Cono Sur.
Colombia: flujos sólidos, uso estable y desafíos de inclusión
Las remesas en Colombia mantienen una tendencia positiva, apalancadas por la fortaleza del mercado laboral estadounidense y la digitalización. En pesos constantes, los envíos se estabilizan cerca de COP 1,35 millones por giro, con mayor recurrencia y una base creciente de receptores.
Los grupos etarios con mayor participación son los de 26 a 45 años, con compromisos financieros y familiares más intensos. Las mujeres concentran cerca del 60% de la recepción, reflejando su rol en la administración de recursos del hogar y en redes familiares extendidas.
En materia de gasto, los hogares redujeron la participación en bienes durables y aumentaron el uso para salud, educación, restaurantes y viajes, lo que sugiere una recomposición hacia experiencias y necesidades esenciales. En vivienda, las remesas contribuyen a mejorar el acceso, con una elasticidad estimada de entre 0,25 y 0,30: un aumento del 10% en remesas impulsa entre 2,5% y 3% las ventas acumuladas a 12 meses.
A pesar de este dinamismo, persiste un reto central: la baja inclusión financiera. Solo el 54% de los envíos se recibe en cuenta bancaria y los hogares receptores muestran baja vinculación a productos de crédito e inversión. Sin mejoras en acceso financiero, el potencial de las remesas como herramienta de desarrollo seguirá limitado.

Conclusión

Las remesas seguirán siendo un motor esencial para hogares y economías en 2025. Sus tendencias, riesgos y oportunidades exigen políticas que fortalezcan inclusión financiera, diversifiquen mercados migratorios y amplíen su impacto económico.


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