Autor
Gerencia Investigaciones Macroeconómicas
Informes Especiales
06 may 2024
El Niño y La Niña en 2024: impactos en el agro, la energía y la inflación
El Niño y La Niña en 2024: impactos en el agro, la energía y la inflación
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El Niño terminó y La Niña se aproxima. Colombia enfrenta impactos en agricultura, energía e inflación, con retos de adaptación y riesgos climáticos crecientes.
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El Niño de 2023-2024 dejó sequías, menor productividad agrícola y presión sobre embalses y precios de energía. Con La Niña acercándose, aumenta la incertidumbre sobre cultivos, tarifas e inflación, en un entorno donde la variabilidad climática exige mayor adaptación productiva.
El ciclo climático 2023-2024 dejó una huella significativa sobre los sectores productivos del país. El fenómeno de El Niño, que esta vez duró 12 meses, finaliza dando paso a un periodo neutral previo a La Niña, cuya intensidad se espera entre octubre y noviembre. La experiencia reciente confirma que la economía colombiana continúa siendo especialmente vulnerable a los extremos climáticos, tanto en producción como en precios.
Productividad agrícola: efectos mixtos y presiones regionales
El agro es el sector más expuesto al clima. Durante este episodio de El Niño, los cultivos transitorios tuvieron reducciones de rendimiento cercanas al 5%. Maíz, arroz, hortalizas, tubérculos y leguminosas —25% del área cultivada del país— fueron los más afectados por la sequía.
En cultivos perennes, los impactos variaron por ubicación. En el interior del país, café y frutales registraron incrementos en productividad superiores al 10%. Sin embargo, en regiones del Caribe se observaron contracciones importantes: la palma de aceite cayó cerca de 12% y el banano mostró deterioros frente a su comportamiento histórico. La zona norte fue la más golpeada, con afectaciones de hasta 24%.
Las cadenas pecuarias también sufrieron: la ganadería de leche y la acuicultura presentaron pérdidas estimadas de 12% y 15%, respectivamente, por déficit hídrico, menos pasturas y aumento de mortalidad animal.
Con la llegada de La Niña, el riesgo se desplaza hacia exceso de lluvias. El episodio 2020-2022 ya había evidenciado que lluvias prolongadas afectan la logística, los agroexportadores y la sanidad vegetal. La incertidumbre exige mayor planificación desde semillas, ciclos de cosecha y manejo hídrico.
Energía: embalses en mínimos históricos y precios más altos
El Niño presionó fuertemente al sistema eléctrico colombiano, donde el 66% de la capacidad efectiva es hidráulica. La combinación de altas temperaturas y sequía aumentó la demanda y redujo aportes hídricos a los embalses.
Abril de 2024 marcó el punto más crítico: 28,6% de nivel agregado, el registro más bajo en 25 años. Aunque las lluvias recientes elevaron los embalses a 34,4% al 5 de mayo, el riesgo de racionamiento se redujo, pero no desapareció.
Los precios de energía evidencian esta presión. Mientras en periodos normales el precio de bolsa rondaba COP350/kWh, durante el auge del fenómeno llegó a COP1.024/kWh en octubre de 2023, un incremento cercano al 200%. El precio promedio esperado para 2024 es COP586/kWh.
La región Caribe fue la más impactada: la tarifa residencial estrato 4 aumentó 24,8%, frente al 11,7% del resto del país, afectada por pérdidas no técnicas y saldos elevados en la opción tarifaria.
Hacia adelante, la transición energética será clave. La UPME proyecta que para 2037 más del 26% de la matriz provendrá de fuentes eólicas y solares, necesarias para reducir riesgos climáticos sobre el sistema.
Inflación: El Niño acelera precios, La Niña los modera
Los análisis históricos muestran que El Niño incrementa la inflación total, de alimentos y de energía. En promedio:
La inflación total aumenta 1,6 puntos porcentuales frente a periodos normales.
La inflación de alimentos sube 1,0 pp.
La inflación de energía aumenta 1,5 pp.
El fenómeno reciente ya se reflejó en mayores precios de alimentos y tarifas energéticas, moderando el ritmo de desinflación que se venía observando. En contraste, La Niña tiende a reducir presiones gracias al aumento de la oferta agrícola y a la recuperación hídrica que favorece la generación hidráulica.
Si las lluvias no interfieren con la logística —un riesgo latente— La Niña sería un factor bajista para la inflación en el segundo semestre del año.
Conclusión
Los fenómenos climáticos extremos siguen condicionando la producción agrícola, la seguridad energética y el comportamiento de los precios. Prepararse para escenarios más variables es indispensable para garantizar resiliencia productiva, competitividad y estabilidad inflacionaria.
Consulta el informe completo para profundizar en los impactos sectoriales y las proyecciones climáticas.
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