Autor
Gerencia Investigaciones Económicas
El consumo de los hogares sigue resiliente en 2026, pero sin el fuerte apalancamiento de 2022. Analizamos qué explica la dinámica y cuáles son los riesgos.
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Gerencia Investigaciones Económicas
El consumo privado continúa siendo uno de los motores de la economía colombiana y estimamos que crecerá 2,7% en 2026. A diferencia del auge posterior a la pandemia, el mayor gasto actual no está acompañado por un aumento equivalente del apalancamiento. Sin embargo, la inflación, las tasas de interés y un eventual deterioro del empleo podrían poner a prueba la capacidad de los hogares para mantener esta dinámica.
Los desembolsos con tarjetas de crédito crecieron 23,7% real anual a septiembre, medidos en trimestre móvil.
El 45% de los desembolsos actuales con tarjeta corresponde a compras a una cuota, frente al 34% en 2022.
El indicador de calidad de cartera de tarjetas ha descendido hasta ubicarse alrededor de 4,8%.
La carga financiera de los hogares permanece alrededor del 27% del ingreso, aunque registra un ligero aumento desde enero de 2026.
Frente a 2019, los hogares tienen 27% más ingresos y solo 2% más deuda, según cifras del Banco de la República.
El gasto de los hogares continúa mostrando resiliencia pese a un entorno marcado por tasas de interés elevadas, inflación al alza y menor dinamismo de la actividad económica. Estimamos que el consumo privado crecerá 2,7% en 2026, respaldado por ingresos sólidos y un mercado laboral con niveles históricamente bajos de desempleo.
Esta fortaleza también ha recibido apoyo de transferencias del Estado, incrementos del salario mínimo, remesas y mayores ingresos asociados con actividades como oro, café y cacao.
La diferencia frente a 2022 está en el financiamiento. En aquel momento, la cartera de consumo acumulaba un crecimiento promedio cercano al 12% real anual, antes de que el endurecimiento monetario se reflejara en un fuerte deterioro de la cartera durante 2023.
No necesariamente. Aunque los desembolsos con tarjetas avanzan 23,7% real anual, una tarjeta también funciona como medio de pago, y la forma en que los hogares están financiando las compras ha cambiado.
En 2022, el 27% de los desembolsos correspondía a financiación superior a siete meses y el 34% se realizaba a una cuota. Actualmente, con tasas de financiación de consumo superiores al 21%, el 45% de los desembolsos se realiza a una sola cuota.
Además, los indicadores muestran una mejora en la calidad de la cartera. El ICV de tarjetas, que llegó a niveles cercanos al 9%-10% durante los episodios de mayor estrés, se encuentra alrededor de 4,8%.
El foco está en la sostenibilidad de sus fuentes de pago. Aunque la carga financiera permanece alrededor del 27% del ingreso, desde enero registra un ligero incremento, explicado principalmente por una mayor participación del crédito con entidades no vigiladas.
La confluencia de inflación, tasas de interés y desempleo podría comprimir el poder adquisitivo. El riesgo sería mayor si, ante ingresos menos dinámicos, los hogares empezaran a sustituir ingreso corriente por crédito, particularmente mediante tarjetas.
Por ahora, estimamos que la resiliencia del consumo continuará acompañada de buenos indicadores financieros. Sin embargo, hacia 2027 será fundamental observar menos cuánto consumen los hogares y más qué tan sostenibles son sus fuentes de pago.
¿Está aumentando el endeudamiento de los hogares al mismo ritmo que el consumo?
No. Frente a 2019, los hogares registran 27% más ingresos y solo 2% más deuda.
¿Por qué están creciendo los desembolsos con tarjetas?
Además del dinamismo del consumo, la tarjeta se utiliza ampliamente como medio de pago. El 45% de los desembolsos actuales corresponde a operaciones a una cuota.
¿Se está deteriorando la cartera de tarjetas de crédito?
Los indicadores muestran una mejora significativa frente al estrés observado entre 2022 y 2024, aunque aparecen señales incipientes que ameritan monitoreo.
¿Cuál es el principal riesgo hacia 2027?
La sostenibilidad de las fuentes de pago ante una posible combinación de inflación, tasas elevadas y deterioro del mercado laboral.
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La Guía 2027 muestra una economía que resiste y se adapta. La inversión gana protagonismo, pero persisten desafíos fiscales, inflacionarios y sectoriales que condicionarán el ritmo de recuperación.
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