Autor
Gerencia Investigaciones Macroeconómicas
Radar Bancolombia
20 oct 2025
Radar Bancolombia: Salario mínimo e inflación: el reto para Colombia en 2026
La inflación en Colombia se frenó cerca de 5,18% anual y enfrenta un nuevo factor decisivo: la negociación del salario mínimo para 2026. Aumentos por encima de la inflación más la productividad pueden prolongar las presiones inflacionarias y exigir una política monetaria más restrictiva.
Un salario mínimo alto hoy, más inflación mañana
En los últimos meses, el proceso de desinflación en Colombia ha perdido tracción. En septiembre, la inflación anual se ubicó en 5,18%, prácticamente en el mismo nivel de cierre de 2024, lo que revela un estancamiento en la convergencia hacia la meta del Banco de la República.
Dentro de los factores que explican este comportamiento, el informe resalta el papel de los elevados aumentos del salario mínimo. La discusión que se abrirá para 2026 no solo definirá el ingreso de millones de trabajadores, sino también la senda que seguirá la inflación en los próximos años.
Tres canales que conectan salario mínimo e inflación
El impacto del salario mínimo sobre los precios no es directo, sino que opera a través de varios mecanismos que se refuerzan entre sí:
Canal de costos:
Sectores intensivos en mano de obra —como comercio, restaurantes y transporte— enfrentan aumentos relevantes en sus costos laborales cuando el salario mínimo crece por encima de la productividad. En contextos de márgenes estrechos, estos incrementos suelen trasladarse a los precios finales.
Efecto de indexación:
El salario mínimo funciona como referencia para otros pagos y tarifas. Su reajuste influye en remuneraciones cercanas al mínimo, pensiones y algunos precios regulados, amplificando el impacto más allá del grupo de trabajadores directamente beneficiados.
Expectativas de inflación:
Si empresas y hogares anticipan aumentos del salario mínimo muy superiores a la inflación, tienden a ajustar precios y salarios ex ante, anclando expectativas inflacionarias más elevadas y menos compatibles con la meta del banco central.
Con base en una metodología que combina estructura de costos y traspaso salarial a precios, el análisis estima que por cada 1% de aumento del salario mínimo por encima de la inflación más la productividad, la inflación anual se incrementaría alrededor de 0,06 puntos porcentuales. Bajo este enfoque, el aumento de 9,54% del salario mínimo en la última negociación —2,52% por encima de inflación más productividad— habría aportado cerca de 0,15 puntos porcentuales adicionales a la inflación de 2025.
Lecciones regionales: cuando el mínimo supera a la productividad
La evidencia de la región refuerza estas conclusiones. En México, los incrementos de doble dígito en el salario mínimo han coincidido con una mayor persistencia de la inflación de servicios, a pesar de contar con subsidios energéticos que suavizan parte del impacto. En contraste, Chile y Brasil han mantenido ajustes del mínimo más alineados con la suma de inflación y productividad, lo que ha favorecido una convergencia más rápida hacia el rango objetivo de sus bancos centrales.
El mensaje de fondo es claro: aumentos reales del salario mínimo sostenidos por encima de la productividad no se traducen en bienestar permanente, sino en presiones inflacionarias recurrentes, que terminan erosionando el poder adquisitivo que se busca proteger.
Escenarios para 2026: el punto fino de la negociación
El informe presenta escenarios de inflación y salario mínimo nominal para 2026 bajo distintos rangos de aumento del SMMLV. Con una inflación base proyectada de 4,1% y un supuesto de productividad de 1%, aumentos moderados del salario mínimo —entre 6,1% y 7,0%— serían consistentes con una inflación en un rango cercano al escenario objetivo. A medida que el incremento se acerca o supera la franja de 10%–12%, la inflación estimada para 2026 se desplaza hacia la parte alta de la proyección, entre 4,3% y 4,5%, poniendo en riesgo la convergencia al rango de tolerancia.
En ese contexto, aumentos “desproporcionados” del salario mínimo podrían provocar un nuevo año de estancamiento desinflacionario, obligando al Banco de la República a mantener tasas de interés elevadas por más tiempo y prolongando los costos de financiamiento para hogares y empresas.
Coordinación entre política salarial y monetaria
El documento concluye que la estabilidad de precios exige coherencia entre la política salarial y la política monetaria. Ajustes del salario mínimo significativamente por encima de la inflación esperada y la productividad:
alimentan expectativas de inflación más altas,
presionan al alza los precios de bienes y servicios básicos,
encarecen la contratación formal y
obligan a prolongar posturas monetarias restrictivas.
Un aumento del salario mínimo que reconozca la pérdida de poder adquisitivo, pero respete las restricciones de productividad y de meta de inflación, es clave para que la desinflación se consolide y la economía recupere su capacidad de crecimiento con empleo formal de calidad.
Accede al informe completo para profundizar en los cálculos, supuestos y escenarios de inflación y salario mínimo para 2026.
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